viernes, 27 de junio de 2008

Nietzsche y Marx




Nietzsche y Marx

-Los hombres póstumos –como yo-, son entendidos peor que los actuales pero atendidos mejor. Más estrictamente: no se los entiende jamás, de ahí nuestra autoridad...
Friederich Nietzsche



Nos arrojaremos de lleno y por completo en una ambiciosa empresa, y no por eso hemos de declinar ante el propósito de arriesgar algunas posiciones y forzar el encuentro de dos pensadores, forzar el encuentro de narrativas y discursos es en principio nuestro propósito, crear un plano, una planicie conceptual donde puedan comulgar Nietzsche y Marx.
Aquellos bien llamados maestros de la sospecha han arrojado un sesgo de malicia sobre el mundo, un devastador golpe sobre las estructuras en que descansaban las condiciones que legitimaron y naturalizan hoy día el lenguaje, la historia y la moral.
He aquí el dilema; en principio abierto sobre el mundo mismo, el mundo mismo y el hombre son los que están en juego.
Al comienzo este espíritu activo animó a los dos autores, ambos descreyeron de una filosofía de tocador, resquebrajada sobre el tedio fatal de pensadores de salón, ambos animaron el espíritu a arrojarse sobre el acto, corriendo los límites de lo que significaría un pensar pasivo.
Marx creyó en un legítimo modo de arrojarse sobre el mundo transformando a la sociedad a través de una revolución que elevara desde la teoría hacia una acción revolucionaria la verdadera praxis del pensar.
Nietzsche le hubiera reprochado un exceso de confianza en los hombres, aquí se abren las aguas entre nuestros dos autores, Nietzsche en la misma línea que impulsa un espíritu activo no confía tanto en los hombres, pero si en el hombre, en cada hombre, como posibilidad de su propio salto y en eso el salto de la humanidad como condición. Confiar en el espíritu activo de aquellos que no tengan que construir su felicidad artificialmente y persuadirse mediante la mentira de una farsa comedida. Confía en la afirmación de una fuerza activa sobre las reactivas y en un hombre donde lo que hay es siempre voluntad de poder que exige afirmación sobre un instante en el que el hombre tiene la posibilidad de romper con toda determinación y construirse sobre él mismo en el ser más genuino, nuestro autor apuesta a la libertad del acto creador en tanto posible, aquí comenzamos a dibujar algunos trazos conceptuales alrededor de los maestros de la sospecha, ambos confían en el hombre, ambos apuestan a un movimiento activo, pero de modos diversos.
Marx juega su apuesta sobre la determinación social, que impone al hombre como constituido por un modo de producción y ciertos modos de sobre-determinaciones históricas en tanto categorías que se imponen sobre él: a-históricas, universales e increadas.
Nietzsche apuesta a la contingencia en el sentido de una posibilidad, una posibilidad de ser en la cual el hombre rompa con la moral humana y donde todas las determinaciones caigan, en este sentido propone una posibilidad y permite una elección.
Nietzsche y Marx advierten una cultura decadente, son los autores de ruptura que anuncian el quiebre de occidente, su debacle, como en la Atenas de Sócrates donde ya la decadencia corroía algunos espíritus anticipando la moral del esclavo. Hemos heredado el germen de esta virulenta enfermedad en las palabras de su discípulo Platón. En este punto coincidente nuestros autores se reúnen para enfrentar a esta figura mítica en tanto paladín de la moral occidental y así intentar socavar sus bases y denunciar sus inversiones.
Nietzsche la llamará : “la historia de un error”, Marx hablará de elevarse desde lo abstracto hacia lo concreto en evidente confrontación con el mundo de las ideas platónicas donde lo real concreto no era más que una falsificación de lo real inaccesible y bueno : “La idea”.
Nietzsche rastrea el problema de este error desde Sócrates, y dice que cuando el griego asegura que la vida no vale nada, arroja una noción que el mismo calificará de irreverente diciendo que los grandes sabios son tipos de la decadencia, precisamente denuncia a Sócrates y a Platón como síntomas y como instrumentos de la desintegración griega, como pseudo-griegos según el mismo afirma. Precisamente la ecuación que hace Sócrates de igualar la razón a la virtud y la virtud a la felicidad es la más bizarra que pueda darse y la más reñida con los instintos de los primitivos helenos, aquí Sócrates produce un vuelco en favor de la dialéctica y en este sentido se produce la derrota del gusto aristocrático y con Sócrates triunfa la plebe.
Nietzsche nos advierte que la dialéctica es tan sólo un recurso de emergencia en manos de personas que no poseen otras armas, y ella misma despierta suspicacia, es fría y carente de instintos, cautelosa de los instintos mismos; esta necesidad de combatir a los instintos es la fórmula de la decadencia ya que mientras asciende la vida, la felicidad se identifica con el instinto.
Nietzsche denuncia esta cadena sucesoria que marca la ilusión de continuidad de la cultura de occidente, esta cadena que se extiende desde Sócrates pasando por platón llegando hasta Aristóteles mismo, concédaseme la petición de exceptuar Alejandro, discípulo del último, quién en un sentido podría parecérsele a este modo en que Marx piensa la acción como verdadero camino de la filosofía, entiéndaseme que en modo alguno puedo por eso comparar su pensamiento con ideal Alejandrino, solo tiendo puentes, fuerzo encuentros entre pensadores y posiciones y situaciones en que pensar no es un acto de reflexión tanto como el de jugar posiciones y asumir situaciones en las cuales se vuelve imposible no decidir.
Ellos todos a quienes nos referimos son autores en quienes les iba su vida en el pensar, cada acto de pensamiento es jugado desde posiciones de íntima fortaleza y convicción donde su propia vida y su modo de vivir les aseguraba esta forma del pensar, aunados por espíritus de actividad y de obra, determinando o indeterminando al hombre en tanto prisionero de sus propias palabras, esclavo de su propia creación, siervo de sus propios monstruos, de sus propias ideas, de la dialéctica libertaria, de la historia estratégicamente diseñada para esclavizarlo, de la creación de sujetos serviles a una sociedad paralizada ante el lastre de su propio peso: la moral .
La realización servil a un destino al que se niegan y se resisten, eso los convierte en palabra que debiera unirlos en este texto, en esta coincidencia entre muchas desviaciones, este es el propósito de este texto mas que otro, el sentido de la unión entre estos dos autores la hallo no en una construcción artificiosa de sus ideas ni en la contingencia o la determinación de sus actos, ni en sus contextos bajo circunstancias distintas y extremas que tensaron producciónes diversas y encontradas, sino más vale en el íntimo espíritu y que animó sus narrativas , la ruptura del hombre con el hombre y la liberación de sus propias ideas e instintos.
Aquí la señal que me determina a unirlos, una contingencia determinante, y aquí la metáfora de la determinación ya qué siempre ella es contingente.
Con el primer golpe que el alemán da sobre Sócrates, lo invierte, lo pone de cabeza, lo da vuelta, y lo devuelve a su estado original; Marx realiza un movimiento parecido con Hegel: lo da vuelta, lo invierte, invierte su narrativa sobre la historia, propone un pensar al revés, realiza un inversión donde al elevarse desde lo abstracto hacia lo concreto ubica nuevamente un presente concreto y crea un aquí y ahora desde donde se parte hacia el pasado y la historia.
Marx indaga sobre las especificidades de cada período histórico y en especial sobre los modos determinados y condiciones de producción, en este punto indaga por ejemplo sobre la diferencia de producción en el modo feudal y el capitalismo, desanda el camino histórico propuesto por Hegel en tanto linealidad de la historia como narrativa hegemónica de un grupo que detenta el poder, y en términos de Max, que legitima la apropiación privada de los medios de producción social, en este sentido la podemos pensar como una aberración en antropológica, cuestión que cualquier sociedad de las llamadas tradicionales se precavía de disponer del uso comunitario de los medios de producción, en este sentido que nos parezca tan razonable que los medios de producción se han privado, es debido a esta función legitimatoria, reificante del discurso y a la tradición histórica, y aquí en palabras Nietzsche, a la dialéctica del discurso y a la moral de los esclavos, resumiendo este breve intento de contrapunto entre los autores.
Ni Nietzsche ni Marx creían en una filosofía de las palabras, en este punto Marx nos habla del papel que juega el pensamiento sobre lo histórico, la contingencia de lo histórico depende de condiciones específicas, por eso resultan diversos los modos de producción, dependiendo de las condiciones específicas a las que antes nos referíamos. Lo concreto como resultante estaría multi determinado, sobre-determinado, y podemos entender a lo concreto como la unidad de lo diverso, y el concreto de pensamiento, como una totalidad orgánica. Este concreto se aparece a la conciencia como un resultado y no como un punto de partida, el pensamiento mismo es el que parte de lo concreto aunque es un punto de partida, esta es una interesante inversión paradójica con la que Marx resuelve en forma original el modo tradicional del pensamiento que supone una partida desde lo empírico y el fenómeno para luego poder abstraer ideas concretas.
Marx desafía el entendimiento muerto de la tradición escolástica en pos de un concreto viviente, abstracto, como lo menos determinado, este concreto es en tanto síntesis de múltiples determinaciones; es en sí lo vivo, la totalidad de lo viviente y de las conexiones totales de existencia de todo lo existente.
Marx rompe con la noción de naturaleza y en este sentido con la noción de esencia humana, cara a la tradición pos aristotélica, en este punto llevándolo al plano de los medios de producción y de los modos diversos de producción y de formas de organización social Marx rompe con la noción de economía política burguesa basada en una escala jerárquica y con una noción teleológica de los fines, ya definida por Aristóteles como idea del bien supremo, adecuada a una escala jerárquica que distingue en distintos tipos de vida de acuerdo al tipo de espíritu que a esa persona le corresponda. Esta idea legitimará los modos sociales en que sea posible que la burguesía se apropie de los medios de producción y del capital aludiendo a un esencialismo aristocrático y a un estado de la realeza, donde al modo jerárquico hallan quienes deban ser servidos y determina los modos de producción de quienes le sirvan.
Este modo del idealismo Hegeliano, que parte del desarrollo de un idea que se concretiza, y de la continuidad de la historia como un devenir de la idea absoluta, es invertido y puesto en jaque por esta noción a-histórica como algo discontinuo y contingente, en este sentido Marx dirá que cada totalidad tiene sus propias condiciones de producción.
Otro punto de coincidencia entre nuestros dos autores es el de un antecesor que los signará como primer momento de ruptura en el pensamiento de occidente, hablamos de Spinoza, de aquí que Marx tome su noción de potencia como potencia relacional dada en los vínculos reales en sentido contrario que Aristóteles lo hiciera como noción de potencia sustancial que se realiza en acto.
Según Marx el plano de lo real está dado por conexiones reales, concretas, que son síntesis de múltiples determinaciones, esto recrea una fuerza de producción, estas fuerzas productivas están formadas por relaciones sociales de producción que generan una superestructura que viene al lugar de las ideas como formas de conciencia social.
En este punto Nietzsche también rompe con una historia occidental denunciando esta falsa búsqueda de una verdad, estableciendo un método que es la genealogía para dar cuenta de cómo se ha llegado a este presente, y dar cuenta de esta ficción que ha sido dada en llamar “la verdad”. La verdad en este sentido es una máscara que deberá caer, máscara igual que otras ideas que han envenenado el pensamiento de occidente tales como la compasión, El bien, el mal, el sacerdote, la justicia, el amo, etc. En este sentido reniega de estos filósofos en tanto sacerdotes enmascarados y plantea que lo que urge es la aparición de un nuevo tipo de filosofía: la filosofía del porvenir.
El utilizará para deconstruir esta realidad elementos tales como la etimología, los valores históricos, la moral, la genealogía y en esta tónica mordaz entrará en el íntimo devenir de cada construcción humana en el sentido del error que acusa y que devastará a sus ídolos huecos para desenmascarar su vacío interior escondido en una falsa verdad o una baja moral.
Sobre las palabras emprenderá una búsqueda genealógica en la que de cuenta de la creación que estas tienen en sí mismas como palabras morales que intentan imponer una idea de valores, y de cómo el lenguaje se apropia de una palabra en una lucha interminable de poderes que es apropiación y enmascaramiento. Hay una atrofia de la palabra y una victoria por parte de quien la conquista en pos de un modelo hegemónico que intenta coagular sentidos de interpretación y fijeza en un desfile patético de estas “desfasadas momias conceptuales” ligadas a un sentido que debe mantener para dar alcance e interceptar la realidad interpretándola, transformándola en ideologías del poder y en el discurso como experiencia que petrifica la imagen de una cosa, un modelo destinado a reducir lo desconocido a lo conocido para aliviar la pereza de esta burguesía intelectual.
El lenguaje adolece de un olvido: aquél que lo inventa se olvida del invento, pero hay uno destinado a renovar el lenguaje de su tribu: el profeta, el poeta, aquel que como la gota gorda que anuncia la tormenta anuncia el superhombre, el hombre porvenir es aquel que crea, que destruye, y que construye.
En este punto plantea una filosofía de la voluntad como la de un querer crear nuevos valores y asi la creación de las palabras en el oficio del poeta reemplaza al antiguo sacerdocio metafísico, el salto incuantificable de una cualidad extrema es el salto del hombre por venir como posibilidad íntima de su condición irresuelta. La posibilidad de un eterno retorno, la posibilidad del instante, el poder del instante y la voluntad de poder donde caen todos los determinismos y sólo aquí es posible el ser más genuino que exige afirmación de ser como voluntad de poder, y aquí la paradoja: esta es su única posibilidad de ser libre.
Nietzsche no sólo rompe con la filosofía, también lo hace con positivismo y con la metafísica considerándolas como ficciones que sostienen los sentidos de una falsa existencia.
Dejemos pues, como impronta, unas palabras del mismo Zaratustra, una invocación que valga como norte para quienes valga la pena oír.
“¡Permaneced fieles a la tierra, hermanos, con el poder de vuestra virtud! ¡Vuestro amor generoso y vuestro conocimiento deben servir al sentido de la tierra! Os lo ruego encarecidamente. No permitáis que alcen el vuelo y abandonen las costas terrenas y con sus alas golpeen contra paredes eternas. ¡Ay, en todo tiempo ha habido mucha virtud que volando se extravió! ¡Conducid, como yo, la virtud extraviada de regreso la tierra, de regreso el cuerpo y a la vida; para que dé a la tierra su sentido, un sentido de hombres para hombres!”






Bibliografía
Aristóteles: Ética a Nicómaco. Libro V.Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1970, pp.70-88
Marx, Karl, El Capital, Tomo I, sección 1, pto. 4: “ El fetichismo de la mercancía y su secreto”, pág. 36 a 47, Fondo de Cultura Económica, México, 1968
Nietzsche, Friederich, Genealogía de la moral, “Tratados I y II”, pág. 27 a 110, Alianza, Madrid, 1987
Nietzsche, Friederich, Así hablaba Zaratustra, longseller, Buenos Aires, 2000
Nietzsche, Friederich, “Como se filosofa a Martillazos”, EDAF, Madrid, 1974

martes, 17 de junio de 2008

Persona- Pessoa



Un día que pronto ya no recordaré caminaba por Madrid en el parque del Retiro, en aquél momento leía la poesía de Withman,
me sorprende un hombre viejo de larga cabellera y barba blanca, explicando alguna extraña cuestión en torno al amor, al universo y a la poesía; me detuve a escucharlo y me pide que lo invite al bar de enfrente a tomar un café.
En ese rato me explica extrañas cuestiones existenciales, filosóficas, éticas e históricas.
Dice llamarse Persona y me encomienda entregar esta carta que ahora publico a no se qué persona en un extraño destino. Promete que al hacerlo recibiré una cuantiosa suma de dinero-
Me cuenta haber estado escribiendo esta hoja desde hace unos días y cuando concluye se la entrega a algún transeúnte que valga la pena.
Años después comento el extraño suceso con mi amigo Hernán quién dice haberse encontrado con el mismo sujeto en el mismo lugar, extraña coincidencia, Hernán piensa que se ha encontrado con su poeta maldito Pessoa, y yo con el poeta solar Whitman....desasosiego y maravilla

lunes, 16 de junio de 2008

¡Ha Pues de Ti !

Ha pues de ti,

que aún siembras en la arena semillas de sal con la espuma en la boca y la mirada encendida de soles, y un puñado de hojas en blanco cayendo entre los dedos mojados por las lágrimas de tus fantasmas.

Ha pues de ti,

Que aún sueñas con pálidas risas, los goznes rechinan al viento implacable;

Perpetúa su llanto,

y la casa es aún grande para los espíritus que la habitan.

Ha pues de ti,

Cuando se abra esa puerta;

El último umbral:

habrás sufrido el martirio del profeta, habrás abjurado de tu fe de estrellas, habrás llorado mil días a tu madre, te habrás desgarrado y partirá como al junco somnoliento el viento a los amantes,

partirá y uno habrá partido.

¿Quién arrojará la tierra fría al corazón?

¿Quién persistirá para hundir lo que resta de madera en la carne?

Y luego, después de todo vendrá el silencio;

Ha pues de ti: Hombre, Mujer, si en ti no habita la confianza, si no conoces un rostro que te acompañe al olvido, una mirada que no se pierda, unas palabras hechas de fuego, y que persistan el día que estalle la última flor.

Vamos a las Imágenes


Vamos a las imágenes,

Hurra a la distancia que perdura entre nuestros labios abiertos y los ojos cerrados.

¡Oha! Por todas las gotas de lluvia que no supieron encontrar un cuerpo para bañar, por aquellas gotas inútiles que se pedieron en el inmenso corral de la noche, en el colador de estrellas que se hace cielo entre la luna y todas las palabras.

Vamos a las imágenes, pues es mas fácil que descansar del tedio de todas las cosas imprecisas, de dioses destructores que trituran cal como huesos en este lodazal.

Y el tiempo, ¿Qué hay de él?

Que hay de los ojos cayendo como estrellas mientras todo se sucede,

Yo atisbo en la distancia la silueta infinita de una multitud,

Miríadas de bestias como hombres y un hombre como mujer pariendo la tierra.

La tierra abierta en gajos devorando a dentelladas el barro,

Aquí sentado mientras todas las letras se escurren por la boca del tintero,

He sido un ser fuera del tiempo, pero él me atormenta como un puñal atravesando la garganta del día.

Ya no conoce sosiego para la mirada tras el ojo ni para el doble estigma del saber:

La Carne y la Tumba.

Escribo para mi muerte, escribo para cuando ya no esté mas que en la forma de palabras rasantes como flechas venenosas.

Hoy en la calle hay sangre de chatarra como angustias que se suceden, un muchacho serpentea en el aire, sus manos torpes quieren asir lo útil y se quiebra como el engranaje fatigado que no pudo ser.

Yo, aquí, solo,

Inútilmente solo, también soy como ese engranaje quebrado

Antes de arrancar y caer.

domingo, 15 de junio de 2008

Fantasma


Fantasma



Llameaba su cuerpo en el oro de la tarde, y los caminos se abrían en sendas avenidas a su paso, y ella, impertérrita; desfilaba como una mueca ausente;

enmascarada de púrpura y fuego; su sombrío corazón; y la noche.

En el tórrido azul donde sangra de crepúsculos el día llegaba errante...

Y su fantasma; como un icono de plata; languidecía sobre el puente que desafiaba a los perfumes del río.

Allí se le veía; inconscientemente quise alcanzarla; preguntarle al espectro nocturno por que extraña fantasía mi ojo líquido atrapaba su figura.

Entre los espasmos y el miedo la seguí, como se sigue a un sueño que se ama en vano.

Ella; ánima reina, catástrofe de toda la dulzura, arrancada de la vida, rufiana,

magnética de infinito, fulmínea.

Triunfal, erigiéndose sobre los huesos y las tumbas.

Despertaba del sueño feroz, se erguía como Cariátide que nada sostiene,

su propio peso y el misterio.

Y en la ciénaga mística que guarda en el final el despojo de los cuerpos,

el mármol frío, y la carne sepulta, florecía como estrella;

todo el cielo esquelético era ella, terrible y fugaz.

Y la seguí, con el ansia del secreto, un inclinarse sobre el abismo.

Y de la nada; nada.

Recuerdo las góticas figuras de la vieja iglesia.

¡Sus gárgolas me escoltaron

hasta la nave, donde ella palidecía

y de la nada, nada fue.

Solo rugí con el espanto y el silencio

de verle una vez más desaparecer.

Muda, como todo lo que desaparece,

Ausente, como el abandono,

Silenciosa, como la lengua muerta, y el ojo cerrado.

¡Oh!. Terrible,

terrible desconsuelo.

Ser testigo de tu ausencia,

y solo callar.

Con el grito del silencio,

mi sombra y el amor;

la mujer que solo es sueño

que como un suspiro,

en el último hálito

de la vida

la sangre

no supo recoger.

domingo, 1 de junio de 2008


Escritos en bruto, emanación inspirativa de la hoja sobre el lápiz ..tal cual fue concebido.